jueves, 29 de enero de 2009

Mi niña


Ahí estaba ella, desnuda junto a la ventana fumandose, como siempre, ese cigarro que me desgarra la garganta.
Después de tanto tiempo, aún me sorprendo a mi mismo admirando su cuerpo, recreándome en sus curvas, en el color de su piel, en su ruidoso silencio. Y en ese momento, me asaltan recuerdos de esa pequeña niña que venia llorando porque no encontraba su muñeca preferida, de esa infantil risa que cortaba el viento los días de verano cuando íbamos a las afueras de picnic.
¿Qué hemos hecho? ¿Cuándo dejaste de ser mi niña para convertirte en mi mujer? ¿En qué momento decidimos detener el tiempo? ¿Cuál fue la primera vez que me prendió el pecho al abrazarte?
Y todavía, a menudo pienso que vendrá corriendo de la universidad con una sonrisa enorme a contarme que ha ganado en el juego de turno del recreo pero, como siempre, olvido que ya no es una niña de 8 años, han pasado 10 desde entonces y ahora es un preludio de mujer. Apuesto a que su padre, cuando me pidió que cuidara de ella antes de que se viniese a Madrid a vivir, no se refería a esto. Confío en que después de haber pasado con él toda la vida: siempre en la misma clase, continuamente uno en casa del otro metido, inseparables... Pueda entender.

-¿En que estas pensando, Javi?

-Podríamos llamarle Antonio. No acepta diminutivos, me gusta. Por cierto, ese es tu último cigarro...