jueves, 20 de noviembre de 2008

Comámonos a besos


- Me muero por besarte.
- Hazlo.
- Te quiero.
- Mírame a los ojos y dímelo otra vez.
- Te quiero.
-Vuelve a besarme.
- La gente nos mira.
- Ya te he dicho que nadie nos mira, nadie nos observa ¿Sabes por qué?
- ¿Por qué?
- Porque he parado el tiempo, para poder comernos a besos sin que nadie lo impida.
Hoy me gustó ese desayuno a base de café, donuts, colacao y besos. Hoy me gustaron esos dulces besos, hoy, como de costumbre, me gustaste tú...

lunes, 17 de noviembre de 2008

Dime que nada cambiara...


Para de una vez, te lo suplico.
Deja de darme una de cal y otra de arena. Deja tus “te quiero”, tus dulces miradas, tus besos desbocados, tus excitantes caricias, tus sonrisas infantiles…Deja tus crueles sentencias, tus dolorosas declaraciones, tus quiero y no puedo, tus erroneas afirmaciones, tus psicoanalisis que tanto odio…
¿Y como volver ahora a la rutina? No podemos detener el tiempo, aislarnos del mundo mientras unimos nuestros cuerpos cantando canciones de amor, mientras de nuestras bocas no dejaban de salir suspiros y dulces afirmaciones…Y luego pretender que nos acoja como si nada. Ahora se esta vengando, por aislarle de nuestro rincón y no dejarle entrever lo que pasaba en esa habitación.
Quizás debería hacer lo que tu haces, arrancar los sentimientos, asesinarlos y mirar para otro lado (¿en serio vas a hacerme eso?)…Convertirme en una cobarde, incapaz de luchar, incapaz de comprometerme, incapaz de soportar un fracaso, achacar mi falta de valor a mi amor por la libertad…

Pero te estoy acusando demasiado…La culpa es de los dos, los dos sobrepasamos esa delgada línea que separa el sexo del sentimiento… A pesar de que te empeñes en asegurar que llaman amor al simple sexo, pero no, el sexo no es solo sexo, lo siento pequeño, ahí te equivocas…

Y a pesar de todo… ¿Sabes que es lo peor? Que yo estoy aquí, a las tres menos cuarto de la mañana escribiendo, desahogándome…


Y esperando tu llamada…

Mientras tu duermes plácidamente…

jueves, 13 de noviembre de 2008

Antes de partir.


En uno de esos días más oscuros de mi vida me di cuenta de qué había algo malo en mí. Nunca voy a perdonar a este corazón roto y egoísta, que solo piensa en si mismo. Incapaz de darlo todo y aun así exigiéndolo todo…


Me creía invencible, fuerte, capaz de soportarlo todo. Pero la verdad es que soy muy vulnerable, débil y frágil, como un suspiro.No he sido capaz de aguantar, me caí antes, incluso, de levantarme, tropecé una y otra vez, choqué contra un muro invisible. Siento decírtelo, pero fracasé. ¿Por qué? Por creer demasiado en mí misma.

Pero quizás no tenga yo la culpa de todos mis problemas... Puede que la culpa la tuviera el primero de todos mis hombres, aquel que me enamoró y luego se deshizo de mí de la forma más cruel de todas…pero que luego volvió…
O puede que fuera el tercero, aquel muchachito al cual…”le venia grande una relación…”
O el sexto…Aquel hombre para el que solo fui…una niña mas embaucada…
O el último un buen partido demasiado ocupado en ser solo eso…un buen partido…
Y ahora, me doy cuenta que no puedo obtenerte, no se puede obtener nada de ti. Ha sido un romance desordenado desde el principio.
Y tú nunca me perdonaras, nunca perdonaras a mi corazón dolorido.
Un último beso, antes de partir.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Café pendiente


Salí de casa y allí estabas ya, esperándome, con una sonrisa y con los brazos abiertos para que corriera a abrazarte. Lo hice, como lo que eramos, dos amigos que no se veían desde hacia meses.
Recorrimos las calles del centro buscando un sitio pequeño y acogedor donde ponernos al día de nuestras vidas cogidos de la mano, envidiosos de las parejas que paseaban a nuestro alrededor, pero gracias a mi maravilloso sentido de la orientación acabamos en un sitio concurrido y con un chocolate suizo y unos donuts. Hablamos, nos reímos y nos pusimos al día de nuestras vidas. Pero algo me rondaba la cabeza desde que te vi mirándome fijamente mientras me limpiaba un poco de chocolate del escote... ahí fue cuando empezó todo...Besos desincronizados, caricias temerosas, miradas de ternura y sobre todo deseo incontrolable...

Nunca un café pendiente dio para tanto...